Por comodidad.
Las unidades que usamos en la Tierra son demasiado pequeñas. La distancia en años luz da medidas con las que es fácil trabajar. Como las estrellas están tan separadas entre sí, trabajar en metros o kilómetros significaría usar cantidades de billones o trillones.
El espacio está cercano al infinito y las distancias son muy grandes como para medirlas en kilómetros o millas, además, no es posible calcularlas exactamente.
Como todos sabemos, la velocidad de la luz es de aproximadamente 300.000 kilómetros por segundo (exactamente 299.792.458 metros por segundo). O dicho de otro modo, un año luz es la distancia que recorre la luz durante un año (365 días)
Algo más técnico, vendría a ser así:
La definición aceptada, dice que es la distancia que recorre la luz en el vacío del espacio durante un año.
x = V.t
x = V.t
Si la velocidad de la luz en el vacío es aproximadamente 300000 km/s y un año son 31536000 s
x = 9,4608 x 10^12 km
Esa es la distancia equivalente a un año luz. O sea, hablamos de 9.454.254.955.488 km, casi 10 billones de kilómetros. Si pudiésemos viajar a esa velocidad (cosa imposible) para llegar a la estrella más cercana a nosotros después del Sol (Próxima Centauri) tardaríamos aproximadamente 4,4 años luz, o lo que es lo mismo deberíamos de recorrer, alrededor de 38 billones de kilómetros.
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Fuente: Wikipedia | Noticias de Internet
Todos hemos lidiado con nuestras madres cuando éramos pequeños, y ahora, los que tenemos hijos, nos toca lidiar con ellos para que coman verduras. Generalmente, la mayoría de las verduras y en especial brócolis, coles de bruselas, coliflores, repollos, etc... suelen tener un sabor amargo y a los niños, generalmente no les gustan los sabores amargos. No es culpa de ellos.
Los científicos dicen que la aversión a los sabores ácidos y amargos, es un instinto de supervivencia, ya que la mayoría de las toxinas que se hallan en la naturaleza, tienen ese sabor. Por otro lado, el sabor dulce suele indicar que algo es seguro para comer, así que cuando nacemos, lo hacemos con una preferencia por lo dulce.
Nuestros gustos cambian con el tiempo. A medida que envejecemos, nos damos cuenta que a pesar de que algo tiene un sabor amargo o agrio, eso no nos va a matar, y aprendemos a disfrutar de ello. Cuando somos mayores, perdemos parte de nuestra sensibilidad olfativa. Los seres humanos necesitamos el olfato para saborear, que es distinto del gusto (por ejemplo, la menta es un aroma, pero no un sabor). También perdemos papilas gustativas con la edad. Con nuestros sentidos mermados, probablemente empezamos a añadir azúcar sal a la comida, para realzar su sabor. De hecho, hay una teoría que postula que la razón de por qué los vinos con sabores muy fuertes han ganado tantos premios en los últimos años, es debido a que los catadores son cada vez más mayores y les resulta difícil hallar sabores sutiles.
Si alguien fuera capaz de no detectar ningún sabor en absoluto, puede tener un trastorno del gusto, causado por una lesión en la lengua o en el cerebro. Pero también podría tener un problema con el olfato. El canal que separa la boca de la nariz nos permite oler vía retronasal (literalmente, detrás de la nariz) y es fundamental para disfrutar de los sabores más complejos. Es por eso que la comida parece insípida cuando estamos resfriados, excepto la sopa de pollo, que es muy salada.
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Extracto del artículo original de Ryan Bradley, escritor y editor estadounidense
No hay centro del Universo.
Pero antes de hacernos la pregunta, debemos tener claro el concepto de la teoría del Big Bang. Éste no fue una explosión de la materia en el vacío espacial, en realidad fue la expansión del propio universo con toda la materia que contiene. Esto significa que cada punto en el universo parece estar en el centro. Imagina el universo como un globo vacío (conocido como analogía del globo) y dentro del mismo, hay unos puntos. Estos puntos representarían los cúmulos de galaxias. A medida que el globo se infla, cada punto se aleja de todos los demás puntos. El espacio entre los cúmulos de galaxias se expande, al igual que el resto del universo, a un ritmo acelerado.
En 1929, Edwin Hubble observó por primera vez este fenómeno. Hubble comprobó que las nebulosas espirales son galaxias y midió sus distancias observando las estrellas variables cefeidas en galaxias distantes. Descubrió que las galaxias se alejan unas de otras a velocidades directamente proporcionales a su distancia.
En un principio, el universo era un solo punto. ¿Dónde fue? Fue, y sigue siendo, en todas partes. Los científicos aún tienen la prueba: La luz procedente del Big Bang, en forma de radiación cósmica, cubre el espacio en todas direcciones.
En pocas palabras, la respuesta es que en un universo en expansión no tiene sentido hablar de un centro geométrico del universo, puesto que tenemos una alternativa más coherente.
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